viernes, 12 de agosto de 2011
Capítulo XIV. Charla
Estaba totalmente sola. No le tenía y eso me mataba por dentro.
Phoebe me obligó a salir y nos fuimos al cine a ver una película que nos gustaba mucho a las dos.
-¿Estás ya lista?
-Recojo la ropa y salgo para el cine.
-Ok, y anímate anda cielo.
-Lo intentaré.
Salí de casa con el ánimo por los suelos. Mi hermana estuvo hasta las tantas conmigo consolándome. Necesitaba más que nunca a mi hermana y a las chicas porque ellas habían vivido de cerca la relación. Intenté pintarme un poco para que no se notara que etuve toda la santa noche llorando y sin dormir bien.
-Estas algo mejor ¿no?
-Algo, pero muy poco.
-Bueno, durante hora y media, intenta desconectar y estar atenta a la película, que seguro que te animas. Además, llevábamos muchísimo tiempo esperando este momento, y ningún tío te lo va a amargar. Ya estoy yo para animarte.
La sonreí porque no tenía ni ganas de hablar.
Salimos del cine, y salía un poco más animada. Estuvimos comentando la película lo que duró el trayecto del cine a su casa, o sea se media hora.
Cuando llegamos a su porta, a lo lejos vi una silueta demasiado familiar. No me lo podía creer...¡¡Era Joaquín!! Con la persona que no me quería encontrar, y menos el día después de dejarme.
-Hola chicas.
-Ah, hola -Solo contestó Phoebe. Yo no tenía ninguna gana de verle y menos hablar con él. Era comprensible.
-Luego me pasaré ¿vale?
-Haz lo que quieras -Le contesté de mala gana.
-Vale. Hasta luego
-ADIOS -Contestamos las dos groseramente.
Me metí en la habitación de Phoebe.
-¡NO ME LO PUEDO CREER! Me quiere amargar la existencia. ¿Para qué narices se quiere pasar luego? No lo entiendo...
-No lo se Kia. No lo se...
Nos pusimos a comer tranquilamente. Estaba su padre.
-Kia, ¿estas bien?
-Esto...si John...
-Estas bastante rara desde que has entrado.
-Días malos que tiene una -Y le sonreí forzosamente
Nos fuimos a la habitación de Phoebe a seguir poniendole verde, de repente, sonó el timbre. Era él.
-Hola.
-Hola -Dijimos al unísono
-¿Qué tal? -¡¿¡QUÉ TAL!?! Tiene las santas narices de hacer esa pregunta.
-¿Tú como crees? En fin.
Se creó un silencio incomodísimo en la habitación.
-Bueno...¿vemos alguna peli? -Dijo Phoebe para cortar un poco el hielo.
-Como quieras -Dijimos Joaquín y yo a la vez, y nos quedamos mirando en silencio.
A medias de la película, no pude más y me tuve que ir al baño a llorar. Me siguió Phoebe.
-¿Pero ahora que te pasa?
-¿Tú que crees? Tengo en la misma habitación que estoy yo al chico de mi vida, y nisiquiera puedo besarle ni abrazarle como a mi me gustaría.
-Ya veo...
Me secó las lágrimas y me limpió bien la cara, ya que la tenía llena de churretones del rimel
-¿Qué ha pasado chicas?
-No ha pasado nada -Le dijo a Joaquín molesta.
No podía parar de llorar. Era como una fuente de esas que hay en los parque que, hasta en invierno, con el frio y el viento, sigue encendida.
Volví a levantarme, pero esta vez no fui al baño, fui a la cocina a beber agua porque de la angustia que tenía, se me había resecado hasta la garganta. A lo lejos escuche hablar a Phoebe y a Joaquín. Tenía curiosidad de saber lo que hablaban, pero pasé de intentar escucharles.
Apoyé la cabeza contra la puerta de cristal del patio y, en silencio, alguién me agarró de la cintura suavemente. Era él.
-¿Por qué estas así?
-¿Qué por qué estoy así? Y me haces tu esa pregunta...que gracioso. No se...puede ser porque al chico que amo y quiero con locura está en la misma habitación que yo y quisiera besarle y abrazarle y, ¡¡Fíjate!! no puedo y ¿Por qué? Porque cortó ayer conmigo.
No supo que decirme y me abrazó. Cuando quisimos separarnos, nuestras caras se acercaron tanto que nuestros labios se encontraban a escasos 2 mm.
Nos intentamos besar. Es lo que tiene que dos personas se sigan queriendo.
-No podemos hacer esto Kia. Nunca lo superaríamos.
Yo no le contesté nada y le besé. Él tampoco hizo el esfuerzo de retirarse y me siguió besando.
Al cabo de un rato, instintivamente, nos retiramos los dos.
-Ya vale. Se acabó -Le dije.
Nos volvimos a abrazar. Era como si se fuera a la guerra y en la vida le volviera a ver. Estábamos llorando los dos.
Nos volvimos a ir a la habitación y nos vio Phoebe con la cara llena de churretes de haber llorado.
Me cogió del brazo Phoebe y nos salimos de la habitación.
-¿Qué ha pasado que habéis tardado tanto?
-Nos hemos besado. También hemos llorado. Se acabo definitivamente.
-Yo a este chico no le entiendo ¿eh Kia? Si te quiere, ¿por qué te ha dejado? él también lo está pasando mal.
-Pues mira, eso pregúntaselo a él. Yo no puedo más.
Abrí la puerta de la calle y salí dando un portazo.
Me imaginé sus caras. Estarían alucinando. Pero saben perfectamente que no me podía ir muy lejos porque me dejé el móvil y el bolso.
Paseé durante 10 minutos. Pasé por "nuestra esquina" nuestros lugares donde solíamos quedar. Por delante de su casa, y rompí a llorar. Una mujer que estaba en el banco, se me acercó.
-¿Qué te pasa hija?
-Na...na...da seño...ra.
-¿Te han robado?
-No, me han dejado.
La mujer me miró con cara de pena porque veía que estaba sufriendo muchísimo.
-Pero niña, con lo guapa que eres tu, seguro que encuentras a otro mejor que ese chico.
-Pero es que le quiero a él, no a otro.
-Bueno, con el tiempo todo se cura cielo. Anda toma -Me dio un clinex -Sécate, que entre lágrimas no se puede apreciar el color verdes tan bonito de tus ojos.
-Gracias -Y la sonreí.
Al cabo de un rato, volví. Me abrió la puerta Phoebe preocupada.
-¿Algo mejor?
-Si, algo mejor.
-Bueno, creo que me tengo que ir -Joaquín cogió sus cosas y se fue.
-Venga, vámonos.
Sacamos al perro antes de lo previsto, ya que necesitaba tomar el aire y desahogarme antes de irme a casa.
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